forest

Esta vez conducía yo. Íbamos en el coche un día soleado por unas calles bastante amplias de lo que parecía algún pueblo. 

Otra vez estaba con ella, pero seguía sin poder verla. Sin cara y sin nombre seguía sin saber quien era esa mujer que me acompañaba en mis sueños, aunque quizás en este no fuera la misma persona. Los sentimientos que sentía no eran iguales. Quizás estos estaban más cerca del cariño que del amor. ¿Quién sería ella? ¿Una novia? ¿Una amiga? ¿Mi madre? … ¿Cuando podré verle la cara y saber quién es a ella, o estas chicas?

Ella vio a otra chica en la calle y me pidió que parara el coche para saludarla. Se bajó y fue a saludarla mientras yo esperaba en el coche.

Hablaba con la otra chica, que por cierto, aunque no la reconocía si que podía ver su rostro. Joven, morena y con el pelo recogido con una coleta, parecía incluso bajita aunque ¿con qué la comparaba? Si tampoco se la altura de mi chica. 

Mientras hablaban yo me alejaba de ellas. Parecía que me estaba moviendo.

-¡Joder, que el coche está yendo marcha atrás! – Como si lo hubiera aparcado en una cuesta y por algo obvio el coche se movía hacia abajo, pero no, no era una cuesta. 

Pisaba el freno, puse el freno de mano, pero el coche seguía moviéndose. Miré a mi compañera que seguía hablando con la otra chica mientras cada vez estaban más lejos. Pero quién se alejaba de quien. ¿Eran ellas de mi o yo de ellas? 

Lo cierto es que tenía la sensación de que el coche seguía moviéndose marcha atrás y no era capaz de pararlo. No funcionaban los frenos ni la dirección. Toqué la bocina para avisar a las chicas y al momento mi compañera empezó a correr hacia mi. 

– ¿Dónde vas? – me preguntó, y ahí me di cuenta de que, quizás, era yo quién me estaba alejando. 

Bajé la ventanilla para gritarle que los frenos no funcionaban pero era tarde y la pared de detrás estaba cada vez más cerca. Ella consiguió alcanzar mi ventanilla y poner sus manos en ella. Vi sus uñas largas en forma de punta pero sin pintar, manteniendo un color natural aunque algo brillante. Pero ¡plof! ¿Por qué todos mis sueños acaban con algún golpe?

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